Nació el 1 de enero de 1980, por el Decreto 976-80, y desde entonces guarda un bosque nublado sobre Tegucigalpa. Durante décadas antes fue reserva forestal; hoy es un parque donde la niebla forma parte del paisaje.
Es bosque nublado de verdad: robles, pinos y liquidámbares, helechos arborescentes, bromelias y musgo sobre cada tronco, todo empapado de neblina.
Lo gestiona junto con AMITIGRA, la Fundación Amigos de La Tigra, que cuida los senderos, los centros de visitantes y la zona protegida.
Y es mucho más que paisaje. Sus quebradas alimentan a la capital con unos 30 millones de metros cúbicos de agua al año, según cifras publicadas en 2013.
En total son 24,040 hectáreas, repartidas entre una zona núcleo y una zona de amortiguamiento.